República Dominicana necesita distinguir, con sentido crítico y responsabilidad histórica, entre un proyecto de nación y un proyecto de poder. Durante décadas, la política dominicana ha estado marcada, en gran medida, por proyectos orientados a conquistar y conservar el poder, donde la distribución de cargos públicos responde con frecuencia a cuotas políticas y compromisos partidarios, por encima de una visión estratégica de país. Gobernar no puede reducirse a administrar el presente ni a garantizar espacios de poder; implica construir el futuro sobre la base de objetivos nacionales, planificación y políticas públicas que trasciendan los ciclos electorales.

Un verdadero proyecto de nación debe tener como prioridad el bien común y asumir que el desarrollo sostenible de la República Dominicana requiere continuidad de Estado, independientemente de quién gobierne. Educación, salud, seguridad, institucionalidad, ordenamiento territorial, infraestructura, medioambiente y desarrollo económico no pueden estar sujetos a los vaivenes de cada administración. El país necesita acuerdos fundamentales y una visión de largo plazo que permita dar continuidad a las políticas que funcionan, corregir las que deben mejorarse y colocar el interés nacional por encima de los intereses partidarios. La gran tarea pendiente es pasar de una cultura política centrada en el poder a una cultura de Estado centrada en la nación.