En los últimos tiempos hemos sido testigos de una preocupante transformación en el rol de algunos funcionarios públicos dominicanos: pasan más tiempo cultivando su imagen personal como modelos o influencers que ejerciendo con seriedad las responsabilidades del cargo que ocupan. Las redes sociales se han convertido en su principal escenario, donde abundan las poses estudiadas, las sesiones fotográficas profesionales y el contenido aspiracional, mientras que las explicaciones sobre políticas públicas, avances institucionales o rendición de cuentas brillan por su ausencia o quedan relegadas a un segundo plano.
Esta nueva modalidad no solo distrae de la esencia del servicio público, sino que contribuye a profundizar la desconexión entre la ciudadanía y sus autoridades. Cuando el foco está puesto en likes, seguidores y la construcción de una marca personal, se pierde de vista que el verdadero valor de un funcionario debería medirse por resultados concretos y no por la estética de su perfil. El país necesita servidores públicos comprometidos con la gestión y no celebridades que usan el cargo como plataforma de lanzamiento para su propia fama.
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