En este 2026, la República Dominicana vive un momento decisivo. Hemos avanzado en transparencia electoral y participación ciudadana, pero la corrupción persistente, la baja confianza en los partidos (solo 28% según Latinobarómetro) y el partidismo extremo siguen erosionando nuestra democracia.
Las instituciones fuertes no son un lujo: son el antídoto contra el caudillismo, la impunidad y el populismo. Un Poder Judicial independiente, una Policía reformada, controles rigurosos y un Congreso transparente garantizan que el poder sirva al pueblo, no a élites ni intereses personales.
El gobierno actual da pasos firmes: designaciones como Jorge Subero Isa en roles clave, creación del Ministerio de Justicia y límites a la reelección. Pero esto no basta si queda en un solo mandato. Necesitamos un pacto nacional —políticos, empresarios, sociedad civil y ciudadanos— para erradicar la corrupción y modernizar el Estado de una vez por todas.
Fortalecer la institucionalidad es la única vía para una democracia sólida, justa y próspera. No esperemos más: actuemos juntos hoy, o mañana pagaremos el precio de la fragilidad. El futuro de la República Dominicana depende de ello.
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