En la República Dominicana, la voluntad política (decisiones gubernamentales y leyes) y la voluntad social (aspiraciones y energías de todos los sectores) suelen caminar desarticuladas, lo que ha impedido resolver problemas históricos como la desigualdad, la corrupción, la informalidad y la debilidad institucional. Esta desconexión genera políticas que no calan, desconfianza social y mayor fragmentación.

Solo lograremos vencer esos obstáculos creando una sinergia real: que la voluntad política escuche e incorpore genuinamente a la sociedad, y que esta respalde con compromiso las decisiones colectivas. Se necesitan diálogos nacionales serios, pactos multisectoriales de largo aliento y mecanismos de participación permanentes. El progreso verdadero surge de esa unión consciente, no de imposiciones unilaterales.