En la República Dominicana de 2026, los comunicadores y medios independientes han asumido el papel de fiscalizadores más incisivos que tradicionalmente correspondía a los partidos de oposición. Con el presidente Luis Abinader manteniendo una alta exposición a través de “LA Semanal” (aunque con pausas notables en enero 2026 tras las festividades), los periodistas, portales digitales y analistas exponen con rapidez y detalle irregularidades como el escándalo de corrupción en Senasa (con desvíos millonarios que marcaron 2025 como un año negro), apagones masivos, deficiencias en educación, transporte y seguridad ciudadana. Mientras la oposición política —liderada por la Fuerza del Pueblo (FP) de Leonel Fernández y el PLD— enfrenta divisiones internas, desgaste y limitaciones para generar presión constante, los medios aprovechan su acceso directo a fuentes y la viralización digital para obligar respuestas oficiales y correcciones inmediatas.
Este cambio en el ecosistema informativo fortalece el contrapeso democrático en un contexto donde el Gobierno resalta logros macroeconómicos y defiende la libertad de prensa (reconocida internacionalmente como un “oasis” en la región por la SIP y Reporteros Sin Fronteras). La prensa crítica encarna hoy la “sana oposición” que exige transparencia y rendición de cuentas, recordando que la verdadera estabilidad se construye no solo con avances económicos, sino con un escrutinio constante que evita la opacidad del poder. Los comunicadores, con su independencia relativa, se han convertido en el principal garante de equilibrio en la democracia dominicana.
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