El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, pronunció este martes una desafiante defensa de la soberanía de la isla, acusando a Estados Unidos de agresiones durante décadas y reiterando la disposición de Cuba a defenderse ante cualquier amenaza externa.
«Cuba es una nación libre, independiente y soberana. Nadie nos dicta lo que hacemos», afirmó Díaz-Canel en una declaración pública después de que el presidente Donald Trump exigiera a la nación caribeña «llegar a un acuerdo» con Washington, al tiempo que el mandatario estadounidense advertía que La Habana quedaría aislada del petróleo y el dinero venezolanos de los que ha dependido durante décadas.
Díaz-Canel argumentó que el país no representa una amenaza para otros sino que ha sido objeto de una presión sostenida de Washington.
«Cuba no agrede, es agredida por Estados Unidos durante 66 años, y no amenaza, se prepara, dispuesta a defender la patria hasta la última gota de sangre», afirmó.
Las declaraciones se producen en medio de renovadas tensiones entre La Habana y Washington, mientras el gobierno cubano sigue culpando a las sanciones estadounidenses por la profundización de la crisis económica de la isla, marcada por la escasez de alimentos, combustible y medicinas, así como por cortes de electricidad prolongados.
Los funcionarios cubanos han argumentado durante mucho tiempo que la política estadounidense equivale a una guerra económica diseñada para desestabilizar al gobierno, una afirmación que las administraciones estadounidenses han rechazado.
Díaz-Canel calificó la postura militar de Cuba como defensiva, presentando la preparación como una necesidad más que un acto de provocación.
Su lenguaje se hizo eco de la retórica revolucionaria de larga data que enfatizaba la resistencia nacional, el sacrificio y el legado de la revolución de 1959 que llevó a Fidel Castro al poder.
Los funcionarios estadounidenses han dicho constantemente que sus políticas hacia Cuba tienen como objetivo promover la democracia y los derechos humanos, no amenazar al pueblo cubano.
Washington sostiene que las sanciones se dirigen al gobierno y al aparato de seguridad, mientras que los bienes humanitarios están exentos.
La Habana cuestiona esa caracterización y afirma que las restricciones tienen efectos amplios y severos en la vida cotidiana.
La declaración del presidente cubano también pareció dirigida a una audiencia nacional, reforzando los temas de unidad y resiliencia mientras el gobierno enfrenta una creciente frustración pública.
En los últimos años han estallado protestas poco frecuentes en toda la isla, impulsadas por dificultades económicas y demandas de cambios políticos.
El gobierno ha atribuido esas manifestaciones a la interferencia de Estados Unidos y a campañas de desinformación.
A nivel internacional, Cuba sigue buscando el apoyo de aliados y socios que se oponen a las sanciones estadounidenses, incluidos llamados en las Naciones Unidas para poner fin al embargo.
Cada año, la Asamblea General de la ONU vota abrumadoramente a favor de una resolución no vinculante que insta a Washington a levantar las medidas.
Los comentarios de Díaz-Canel subrayaron que, a pesar de las tensiones económicas y la presión diplomática, el liderazgo de Cuba tiene la intención de mantener una línea dura en materia de soberanía y defensa nacional, lo que no indica ningún cambio en su postura de confrontación hacia Estados Unidos.
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