En una nación expuesta a fenómenos naturales como terremotos, huracanes e inundaciones, la prevención de riesgos no puede seguir siendo una opción, sino una política de Estado. La creación de rutas de evacuaciones claras, visibles y funcionales en infraestructuras industriales, educativas, religiosas, comerciales y residenciales debe formar parte de una cultura preventiva que salve vidas y minimice el impacto de los desastres.

Actualmente, muchas edificaciones en la República Dominicana carecen de señalizaciones adecuadas, simulacros regulares o protocolos claros en caso de emergencia. Esta carencia representa una amenaza directa a la seguridad de miles de ciudadanos que a diario se movilizan o permanecen en estos espacios. Es imprescindible que autoridades, propietarios de inmuebles y la ciudadanía asuman el compromiso de preparar cada espacio para una respuesta rápida y ordenada ante cualquier eventualidad.

Fomentar una cultura de prevención no solo es cuestión de infraestructura, sino de conciencia colectiva. Desde las escuelas hasta las empresas, desde las iglesias hasta los hogares, debemos educar y preparar para lo inesperado. Porque un país prevenido es un país más fuerte, más responsable y más humano. La vida no da segundas oportunidades: ¡actuar antes es salvar!